UN OJO HUMANO, EL SENTIDO LIMINAL
Una caja cerrada siempre
promete algo.
¿Qué promete una caja?
Promete lo que pensamos/creemos que hay adentro. Promete el objeto de la
promesa.
Mario Montalbetti, Cajas.
Atravesar una puerta es
abrir una caja.
Entrar a una sala de
exhibiciones se enlaza -tal vez- con la sensación del cuerpo al abrir un libro
o recibir las primeras imágenes de una película. Quizás sea la sensación de
atravesar el umbral que distingue el juego de los sentidos cabales, claros y funcionales
de aquellos otros que se repliegan sobre sí mismos -como una caja- y guardan un
objeto como promesa, como secreto, como una ilusión.
La oscuridad de la
sala/caja es abierta por el brillo de un ojo (¿una gema, un mapa?). Su
superficie ilumina, como la luna, con luz ajena. Es un ojo partido, cuyos
fragmentos se reparten en una superficie de simetrías que repiten, como un eco
extrañado, el espacio y la luz de su entorno. Un ojo que se constituye desde
las imágenes que recibe, procesa y devuelve enrarecido -por refracción,
difracción, simetrías- el ámbito que lo contiene, alimenta y estalla en el azar
preciso de los reflejos.
Ojo de cristal, ojo de
agua, nos llega por acción de superficie, por las emisiones moduladas por el
capricho o la estrategia de su piel encastrada no para adecuar sino para
desajustar/astillar/detonar la ilusión de continuidades que solemos llamar verdad.
El ojo no es una figura.
Nos ofrece sus lados y la posibilidad del revés de su cuerpo. Un ojo sellado
quizás sea otra caja que suma nuevas promesas enlazadas y -quizás- actualizadas
en la acción misma de su apertura. Un desafío a nuestro deseo de llegar a una
conclusión, un juego con nuestra ansiedad o la materialización del sentido
siempre elusivo, abismado en un loop infinito de cajas chinas.
Acaso ese ojo sea blasón
de una zona insumisa o una advertencia, un aviso, una clave.
Hernán Camoletto
Córdoba, noviembre de 2024
para “un ojo humano”, de Luis Rodríguez