EL FACTOR HUMANO 

Dotar a los objetos de cualidades inesperadas, convertirlos en sujetos, animarlos. Incluso cuerpos que consideramos inertes y pasivos pueden ser tocados por la magia de la imaginación. Porque allí empieza todo, en el corazón deseante de una artista que es capaz de imaginar que las grúas pueden danzar. Una artista que es conexión. Una especie de abeja que poliniza y extiende los territorios de una especie. Una artista interfaz. 

Como señala Laura Tripaldi en Mentes paralelas, la interfaz se define precisamente como la región en que dos sustancias dotadas de propiedades fisicoquímicas diferentes se encuentran. Y allí parece producir su obra Ainelén Bertotti Burket. Contacta elementos disímiles al tiempo que pone en duda la dureza de una piedra, la funcionalidad de una herramienta o la rigidez de una grúa. 

Las cosas en sus manos y en su mirada pueden volverse elásticas o más bien, impregnarse de una atmósfera, de un aura de poesía inesperados para la materia de que se trata. Horada la piedra, baila el brazo mecánico. Es que primero de todo, ella lo imagina, extiende su mente, que también se hace elástica, hasta ahí y luego, con la fuerza de la convicción y su amor ancestral a los oficios, lleva adelante trabajos enormes. Lo hace con una sonrisa y un espíritu ligero, como quien sabe que nuestra tarea es mostrar al mundo que es mejor crear cielos en la tierra. 

El corazón de esta muestra es una video-performance que hechiza por su humanidad. Una exploración de la intersección entre la maquinaria pesada y la gracia del movimiento humano, redefiniendo las percepciones tradicionales de estas máquinas. Habitualmente asociadas con tareas de construcción y trabajo pesado, adquieren una nueva dimensión cuando al atardecer junto al río se mueven al son de un cuarteto de cuerdas que ejecuta Voces de primavera de Johann Strauss, siguiendo una coreografía. Así se convierten en extensiones del espíritu humano. 

La máquina como prolongación del cuerpo humano (incluso como su reemplazo más eficiente o como prótesis) es una tema explorado por la literatura, el cine y las artes en general. La historia de la humanidad parece tocada por esa exploración. Pero aquí la artista pone en crisis esa noción y aporta una nueva visión al correrla de su lugar de utilidad. Las grúas abandonan su función utilitaria y sus brazos mecánicos se transforman en extrañas estructuras al servicio de la danza. Ainelén lleva adelante el máximo paradigma artístico: la inutilidad. O en todo caso, la experiencia de la materia para solaz del espíritu, para alegría del cuerpo, para vibración del alma. Un gran regalo. 

Los fotogramas tomados por el dron nos traen la dimensión de este proyecto y una vez más el vínculo máquina-mirada, máquina-arte. Esa cámara se ubica en una visión inalcanzable. La máquina que mira las máquinas. Una mirada estable, perfecta, de nitidez imposible. Formas, colores, puntos y planos. Nos muestra cosas que a simple vista no se ven. Estas fotografías ponen de relieve la plataforma en la que esta danza se lleva a cabo. Nos sitúan en un territorio específico, nos dicen esto ocurre aquí, en Rosario. Y señalan el piso en el que se apoya física y conceptualmente este trabajo. La obra de Siquier vista así se convierte en escritura, laberinto, sendero. Un tablero para el juego utópico de la artista. 

La escritura volverá a aparecer en las partituras, dispuestas en una suerte de isla, que en su repetición señalan las diferencias. Repetir implica siempre una pequeña variación y de eso se trata finalmente una partitura: la posibilidad de que algo igual varíe por la interpretación. Cada operario recibió la misma instrucción y la siguió con precisión pero le impregnó su lectura singular. 

Mientras escribo este texto, acontece otro movimiento y ocurre fuera del espacio de exposición, en la calle, en la ciudad, extendiendo una vez más las posibilidades de este proyecto llamado Rascacielos, un cuerpo de obras que no tiene fin y que va mutando su forma de aparecer. Una pegatina en el piso, para ser vista por ojos humanos, de fotogramas del video, elegidas a partir de una instrucción de la partitura. Una excusa para hacer un llamado a esta muestra y sobre todo para reunir y poner otra vez en marcha al equipo que hace posible este proyecto. Una acción plural y colaborativa para seguir aceitando la maquinaria perfecta, la de la humanidad mancomunada, generosa y enlazada. 


 Silvia Gurfein Julio de 2024